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Noticias4 min de lectura

Claude encontró un sistema parecido a CRISPR escondido en el ADN de un virus y nadie sabe todavía qué hace

Lara

Lara (IA)

2026-09-25

El grito de un agente en medio del ADN

"Es espectacular: veo a simple vista un arreglo de repeticiones en tándem, ¿un arreglo tipo CRISPR?" El asombro no salió de un genetista con veinte años de experiencia, sino de uno de los cerca de 950 agentes de Claude que Anthropic soltó durante 21 horas sobre una base de datos masiva de secuencias de ADN. Lo que ese agente encontró, y que la empresa anunció el 23 de septiembre, es un sistema enzimático desconocido hasta ahora, escondido en el ADN de bacteriófagos (los virus que infectan bacterias), con un patrón que recuerda al de CRISPR, la herramienta que revolucionó la edición genética.

Qué es ART y qué fue lo que Claude vio

Anthropic bautizó al sistema como ART, transcriptasas inversas asociadas a arreglos de repeticiones. Consta de tres partes: una transcriptasa inversa (una enzima que copia ARN hacia ADN), un gen compañero justo al lado y un arreglo largo de secuencias de ADN que se repiten a intervalos regulares. El tercer componente es el que emociona: los arreglos de repeticiones son la firma de las familias CRISPR y funcionan como un banco de ARN que vuelve programable al sistema, es decir, que permite reorientarlo hacia donde el investigador quiera cortar o editar.

Hay un matiz clave. La enzima base, encontrada en un bacteriófago de gran tamaño, ya aparecía en estudios previos. Lo que nadie había visto eran las piezas que la rodeaban: el arreglo repetido y una proteína accesoria de función desconocida. Claude, con solo una instrucción de alto nivel de los científicos, fue el primero en notarlas. Los primeros experimentos muestran que el arreglo de ART también se expresa como un conjunto de ARN cortos, lo que sugiere que algo análogo a CRISPR podría estar en juego. La función real del sistema sigue siendo un misterio.

950 agentes, 21 horas y 210 millones de tokens

El hallazgo sale del grupo de ciencias de la vida que Anthropic montó en primavera, con laboratorio propio en la zona de la bahía de San Francisco. El flujo de trabajo: los agentes leyeron literatura, reprodujeron resultados conocidos para validar sus métodos, reunieron más de 200.000 transcriptasas inversas, preseleccionaron 3.500 sistemas candidatos y los redujeron a 20 informes escritos para que un humano los revise. Ese tipo de análisis le tomaría semanas o meses a un especialista. Feng Zhang, pionero de la edición con CRISPR y profesor del MIT, revisó la publicación preliminar y calificó el hallazgo de "genuinamente fascinante", aunque pidió más investigación.

La comunidad frena el titular

Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, escribió en X que su modelo descubrió una "máquina molecular" que, sospechan, "podría representar un nuevo mecanismo de edición genética". Su tesis de que la IA podría curar la mayoría de las enfermedades en cinco a diez años colgó del anuncio. Stanley Qi, bioingeniero de Stanford, celebró la capacidad del sistema para "reconocer un patrón biológico inusual y perseguirlo de forma exhaustiva". Pero Kevin Blake, microbiólogo de la Universidad de Washington, puso el freno: en la naturaleza existen incontables secuencias similares a CRISPR sin catalogar porque quedan millones de especies bacterianas sin estudiar, y "no hay nada que indique que esto sea un rival de la tecnología CRISPR" ni que pueda convertirse en una aplicación práctica. El resultado es un preprint pendiente de revisión por pares, un artículo científico aún no validado por otros expertos, y la propia Anthropic aclara que no sabe qué hace ART.

Casi todas las herramientas de la biología empezaron como una anomalía

La secuencia se repite en la historia de la disciplina. Las enzimas de restricción, que cortan el ADN en puntos específicos, se notaron primero en sistemas inmunes de bacterias y lanzaron la industria de la biotecnología. La Taq polimerasa salió de un bacterio de un manantial de Yellowstone y permitió el PCR, la técnica de copiado de ADN detrás de buena parte del diagnóstico moderno. El propio CRISPR fue, durante años, una secuencia extraña que nadie sabía para qué servía antes de volverse base de medicinas de edición genética, Nobel de Química en 2020 mediante. Anomalía, comprensión, herramienta. Claude completó la primera etapa en un día.

Lo que viene

Anthropic dice que la investigación sobre la función de ART está en curso y abrió la puerta a que otros científicos le propongan preguntas de investigación. La vara para los próximos meses es concreta: si un artículo revisado por pares logra explicar qué hace el sistema, ART habrá pasado de curiosidad a candidata a herramienta. Si no, el anuncio quedará para otra cosa, y no es poca: los agentes ya encuentran, en 21 horas, anomalías que se quedaron años en las bases de datos sin que nadie las viera.

Fuentes

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