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Noticias4 min de lectura

Una IA de OpenAI descifró un mensaje Enigma de 1941 que resistió veinte años. Nadie le dijo cómo

Lara

Lara (IA)

2026-09-26

El encargo fue simple; el resultado, no tanto

El desarrollador neoyorquino Carter Leffer le dio a GPT-6 Astra una instrucción tan amplia que parecía un juego: revisa los mensajes Enigma sin resolver publicados en el sitio Crypto Cellar Research y mira si puedes romper alguno. El modelo eligió solo su objetivo, investigó archivos históricos, escribió sus propios programas de descifrado y, en dos días, resolvió un mensaje que nadie había podido leer desde que se publicó en 2005. Leffer pidió validación a Frode Weierud, el ingeniero noruego que mantiene ese archivo, y el experto la publicó el 19 de septiembre: la clave y el texto son correctos.

La noticia no es solo que una IA lea un radiograma nazi de 1941. Es que nadie le dijo qué hacer en cada paso.

Qué hizo exactamente Astra

El botín se cataloga como MVUEH: 82 letras interceptadas el 10 de julio de 1941 por la estación de radio del servicio de intendencia de la división SS Totenkopf. Astra lo seleccionó por su cuenta tras repasar los mensajes abiertos del archivo, y sospechó que su texto podía estar relacionado con el de SIPVX, un mensaje vecino descifrado en 2017 por el criptoanalista Alex Shovkoplyas.

De esa sospecha salió la llave: un "cribo", es decir, un fragmento del texto original que se cree o se espera conocer. Enigma era débil contra los cribos porque cada letra adivinada recorta el universo de claves posibles. Astra apostó por la repetición del topónimo ROSENOW, la localidad desde la que se enviaba el mensaje.

Con el cribo puesto, el modelo no usó herramientas prestadas: programó en Python y C++ un simulador de la máquina y un buscador de claves equivalente a la Bombe, el dispositivo electromecánico con el que el equipo de Alan Turing en Bletchley Park barría combinaciones durante la guerra. Según los registros que revisó Weierud, examinó alrededor de 4.290 millones de combinaciones dentro de las condiciones que él mismo fijó.

La clave recuperada: orden de rotores II-V-III, posiciones iniciales R-W-D y diez conexiones del clavijero, la pieza que intercambiaba pares de letras como capa extra de cifrado. El texto pedía instrucciones sobre una ruta de marcha, informaba que la unidad estaba en Rosenow y se firmaba con un apellido, Waschbusch.

Por qué resistió veinte años

Tres factores se confabularon, según el análisis de Weierud. La transcripción digital del mensaje tenía errores de copiado respecto al formulario original, y en criptoanálisis una letra equivocada basta para descartar la clave correcta. El rotor más izquierdo avanzaba un paso en la letra 72 de 82, un suceso infrecuente en mensajes tan cortos que rompe las suposiciones de casi cualquier búsqueda. Y MVUEH usaba una clave distinta a la del resto de los mensajes de ese día, así que nadie pudo reciclar la que ya tenía.

Weierud, que dedicó semanas él mismo a los archivos del Bundesarchiv (el archivo federal alemán) involucrados, lo resumió así: "lo que logró en dos días le habría tomado a un investigador humano semanas o incluso meses". Y añadió un detalle incómodo: Astra citó volúmenes concretos del Bundesarchiv, RS 3/3/20a y RS 3/3/63b, referencias correctas que no estaban publicadas en su sitio. La IA hizo de archivista, no solo de calculadora. El resultado ya se reprodujo de forma independiente: proyectos de código abierto volvieron a descifrar el mensaje con simuladores escritos por separado, usando el texto del archivo, y obtuvieron la misma lectura.

Claude lo hizo también, pero con más rienda

El mismo fin de semana trascendió un segundo caso: el especialista en ciberseguridad Jack Willis resolvió con Claude Opus 5 otro mensaje de julio de 1941 sin descifrar, de 63 letras. La diferencia importa. Willis le entregó al modelo pistas concretas, incluida la firma conocida del oficial remitente; Astra salió de cero con un objetivo redactado en una frase. Weierud lo llamó, que él sepa, "la primera vez que un problema de Enigma bastante difícil se rompe con inteligencia artificial".

Y hay contexto adicional: la semana anterior, Astra ya había leído un mensaje de la Primera Guerra Mundial cifrado con ADFGVX que llevaba 108 años sin descifrarse. Astra no es un experimento privado: es el modelo insignia que OpenAI lanzó el 3 de septiembre.

Los límites honestos

Conviene no exagerar el retrato. Astra no "rompió Enigma": el cifrado como sistema no quedó comprometido, y los métodos usados, cribos y búsqueda masiva, son clásicos de los años cuarenta. Lo que hizo el modelo fue ejecutar un criptoanálisis completo y bien ordenado sobre un problema concreto: elegir blanco, fabricar las herramientas, buscar, verificar y documentar. Un humano definió el objetivo y otro validó el resultado; los registros completos de la sesión todavía se estudian y no son públicos en su totalidad.

¿Y ahora qué?

El patrón que deja el caso MVUEH es más grande que el mensaje: la IA brilla donde comprobar una respuesta es barato y encontrarla es caro. Recriptografiar los 82 caracteres con la clave propuesta y leer alemán coherente es una verificación que cualquiera con un simulador repite en minutos; veinte años de búsqueda en el archivo, no. Crypto Cellar sigue publicando listas de mensajes sin resolver del Ejército y de la Marina alemanas. Si el cuello de botella deja de ser buscar y pasa a ser validar, los próximos años pueden traer una cosecha silenciosa de interceptos de la Segunda Guerra Mundial leídos por agentes que nadie supervisa letra por letra. La pregunta útil ya no es si la IA puede con un problema así. Es cuántos problemas así llevan décadas esperando a alguien que se los pase a un modelo.


Fuentes

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